Nuestra huella digital en la red

Todas las personas que transitan en el entorno digital dejan un rastro asociado a sus opiniones, gustos, aficiones, hábitos… y la suma de todos ellos conforma su huella digital, que no es otra cosa que el rastro que dejamos en el entorno digital cuando navegamos en él, a partir del cual se configura un perfil que define quiénes y cómo somos.

Así, podemos afirmar que la huella digital es la historia que diariamente es escrita por nosotros o terceras personas, en base a la acumulación de interacciones, transacciones, hábitos y consumos y que puede ser analizada con el objeto de determinar nuestro “YO” virtual.

Uno de los elementos encargados de registrar nuestra actividad en la web son las cookies, de las que en muchos casos solo sabemos que existen por los inagotables pop-ups que nos piden su aceptación para poder seguir navegando.

Una cookie es un pequeño fichero enviado por el sitio web y que se almacena en nuestro navegador para recordar nuestros datos de acceso y nuestro rastro de navegación.

Una cookie es un pequeño fichero enviado por el sitio web y que se almacena en nuestro navegador con dos  finalidades:

  1. Recordar accesos, conocer si ya hemos visitado antes la página, recordar nuestro usuario o nuestras últimas búsquedas dentro de la misma. Esto es lo que provoca que cuando, por ejemplo, buscamos un viaje, al regresar a la web de viajes esta ya tenga autorrellenados los campos con el último destino que hayamos escrito.
  2. Conocer información sobre nuestros hábitos de navegación, que después serán utilizados por diferentes medios publicitarios, gracias a ese pequeño fichero informativo de repente, y como por arte de magia vemos que en diferentes sitios web comienzan a aparecernos anuncios sobre el mismo destino que queremos visitar…

¿Qué forma nuestra huella digital?

  • La navegación web: Diariamente visitamos sitios web de consulta, de ocio, de información, de compras… y los datos registrados por las cookies.
  • Las publicaciones en las redes sociales: Todos los comentarios, publicaciones, imágenes, vídeos, interacciones, “me gusta”… en redes sociales dejan un registro, un rastro que informa, que “habla” de nosotros. Además, en muchos casos un error común es el de compartir información a través de las redes sociales que después borramos, pensando que así desaparecen mientras que siempre son recuperables.

La huella digital puede ser utilizada por las empresas para determinar los hábitos de consumo de un usuario, con el objeto de ofrecerle un producto o servicio que potencialmente demanda o demandará. También se utiliza en los procesos de selección de personal para determinar si el perfil del demandante se adecua a las necesidades del ofertante, quien preferirá a los candidatos con una huella digital positiva.

Con el paso del tiempo, los ciudadanos hemos adaptado nuestra vida a los entornos digitales, sin reparar en el torrente de información personal que vamos dejando al interactuar con los soportes electrónicos, navegar por internet o participar en las redes sociales.

Los proveedores de servicios de las aplicaciones se quedan con nuestra información. Y estas publicaciones no solo dependen de nosotros, sino también de nuestros amigos y conocidos en redes sociales que pueden etiquetarnos o publicar información personal, por este motivo es muy importante configurar correctamente la política de privacidad en todos nuestros perfiles de redes sociales, teniendo claro cuál es la información que compartimos públicamente.

Los smartphones son nuestro principal registro de huellas digitales. No solo guardamos nuestros datos personales, fotos, contactos, archivos sino también el correo electrónico, las contraseñas, nuestros movimientos bancarios…

¿Podemos borrar nuestra huella digital?

Borrar nuestra huella digital es una ardua tarea, puesto que cualquier cosa que hayamos subido a la red permanece registrada en ella a pesar de que la borremos. En ningún caso se garantiza que esta información no deseada desaparezca por completo.

Ya que hacernos desaparecer de la red es prácticamente imposible lo más correcto es aprender, y enseñar a nuestros entorno, a utilizar correctamente las redes sociales y los buscadores. Aplicar correctamente las políticas de privacidad en nuestros perfiles y ser consciente de que todo aquello que publiquemos en la red permanecerá en ella durante años.